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Ezra Pound: Vanguardia y Fascismo (entre Confucio y Mussolini)

marzo 10, 2008

Reproducimos este artículo por su interés, aunque advertimos que está escrito por un antifascista virulento.

“La ‘Edad pedía’ sobre todo una impresión en yeso,
hecha sin pérdida de tiempo,
Un cine en prosa, no, no ciertamente el alabastro
ni la escultura de la rima”
(“Ode pour l’élection de son sépulcre”, 1918)

¿Por qué leer a Pound? Fascista recalcitrante, antisemita rubicundo, traidor a su patria además de desequilibrado mental (psicótico). Como Heidegger, como Céline, como Paul de Man, como Blanchot, como Cioran, como Elíade como Pessoa, como Michels y como tantos otros el problema en cualquier esbozo biográfico de estos intelectuales son los años que transcurren entre el fin de la Primera Guerra Mundial (1918) y la derrota del Tercer Reich (1945). Todos abrazaron con fascinación el naciente fascismo. Pero Pound no sólo merece estar en la galería de los sospechosos de siempre de la historia intelectual: revolucionó la literatura directa e indirectamente. Además de ser el más grande de os poetas del siglo XX fue editor, corrector y artífice de la publicación de “No Man’s Land” de T. S. Eliot, el primer poema realmente modernista que formateó todo lo que venía del pasado, haciéndolo caduco y ridículo. Sin embargo, mientras que Eliot pasó a convertirse en el principal crítico y poeta de su tiempo, a pesar de su carga teológica, la posición de Pound ha sido empañada por su apoyo incondicional a Mussolini y Hitler, sus programas radiofónicos de agitprop fascista en Roma durante la Segunda Guerra Mundial y por su antisemitismo visceral. Como en los debates sobre autores hechizados por el fascismo, en el caso de Pound tenemos también interpretaciones opuestas, una herradura hermenéutica que oscila entre separar artificial y absolutamente la obra del hombre (el clásico es Julia Kristeva) o directamente hacer preceder a la poesía de su adhesión política al fascismo (Massimo Bacigalupo). La conclusión es un silogismo ridículo: Pound no fue fascista (cuando efectivamente lo fue); Pound no fue realmente un poeta (cuando lo fue y cómo). O, profundizando un poco, Pound fue fascista sui generis pero su poesía no. Habría un Pound bueno, el enhebrador de stanzas y rimas libres, un essential Pound y un Pound malo, demente, irracional, loco de atar, un pobre desequilibrado que creía ser fascista aunque no era fascista en el fondo. Por supuesto, la mayoría de los estudiosos, en ambas márgenes de la interpretació n, no tienen idea de qué era el fascismo en su versión italiana. Al no comprender la originalidad no entienden proyectan su propia ignorancia en Pound. Para muchos sigue siendo impensable que el fascismo haya atraído verdaderamente a ilustrados de la magnitud de Pound. Como señalaba Connor Cruise O’Brien sobre Yeats ¿cómo se puede conciliar la poesía que más amas con la idea política que más odias? Éste es el dilema Pound. Hay una tercera variante de hagiografía clínica, que intenta exculpar a Pound por su supuesta demencia durante al Segunda Guerra Mundial. Incluso lo sostienen autores progresistas o de izquierdas. Esta vía de exoneración está clausurada hace tiempo, tenemos las declaraciones del Dr. Jerome Kavka, que examinó a Pound en el psiquiátrico de St. Elizabeth’s, quién a repetido que no sufría de psicosis y que la internación se debió a los temores de Pound a ser ahorcado por traidor durante la èpuration. La puesta en escena célinnianne de Pound fue idea de su círculo de amigos para evitar un juicio catastrófico. La discusión sobre la deriva fascista en torno a Pound se reaviva en Inglaterra por la edición de unas cartas inéditas a intelectuales chinos, algunas de la cuales hablan no sólo de su trabajo como escritor, poeta, guionista y editor sino además de su afinidades políticas y de su decisión de apoyar el fascismo (Pound no diferenciaba entre fascismo y nacionalsocialismo) . Las 162 cartas, escritas en un raro acento fonético, fueron rastreadas y localizadas a lo largo de 15 años por el profesor Zhaoming Qian, de la Universidad de Nueva Orleáns. Abarcan un período de cuarenta años y nos dejan ver su adhesión a formas políticas del confucianismo, comentarios sobre cómo se recibía en Occidente su opera magna “The Cantos” (“Cantares” en español) y opiniones sobre poetas y escritores de la época, incluido por supuesto, su alter ego T. S. Eliot. Uno de los biógrafos más profundos de Pound, David Moody, señala que estas cartas nos permiten explicar el distanciamiento entre los dos grandes poetas, separación marcada por criterios políticos. Eliot, a través de su revista “The Criterion”, aplicaba su mandarinesca Kulturkritik contra el capitalismo y su bárbaro modernismo. El escalpelo eliotenne se afilaba con piedra de amolar católica y sus parámetros pueden calificarse de “reaccionarios” . Nunca llega a desembocar en la decisión por el fascismo. Eliot era un Edmund Burke revivido y redimido. Clamaba por una nueva tercera vía, ni bolchevique ni capitalista, pero su modelo era un renacimiento del corporativismo con espíritu latino. Era esto, y no ninguna lucha dialéctica por la estética, lo que enfurecía a Pound. En sus cartas llama a Eliot “Elephant”, “Buzzard”, que tiene “Head full of Mouldy Old Christianity” . La correspondencia además nos explica la tensión ideológica y el intento de sincretismo entre la teoría fascista y Confucio. Por supuesto, una síntesis para nada absurda o producto de una locura en ciernes, que en realidad nunca existió. Y de cómo se producía la retroalimentació n con su proyecto subversivo de escritura poetica.

Un “poeta economista” en la Italia fascista: “Mussolini es un macho de la especie y autor de la consegna de este año” escribía Pound en “Make it New”, una colección de su mejor prosa literaria. Los diarios fascistas, como el reconvertido “Gazzetta del Popolo”, lo llamaban “el poeta economista”. En su último domicilio en Venecia, donde murió, sito en la calle Querini, 252, figura una plaqueta en mármol blanco en la que reza “Titano della Poesia”. Nunca tan bien dicho. Es uno de los poetas más revulsivos y decisivos del siglo XX. Y lo sabía. Su fiel Penélope fue Gustav Flaubert, como le gustaba repetir. Hay una imagen curiosa donde se lo ve, una foto en blanco y negro, como un símbolo futurista encarnado: hiperactivo, atlético, vigoroso. Juega al tenis en su residencia en Rapallo, Italia. El país está gobernado por el Il Duce Benito Mussolini, el líder que tenía “sentido del tiempo”. Sabe que el “juego con el arte” ha cambiado. Pero Pound, pese al New Criticism que ve artistas inmaculados dedicados en alma y vida a la causa literaria en impolutas torres marfilescas, no era un poeta en sentido estricto y débil. No era simplemente un jugador de estilo más. No era un Mallarmé. No lo permitía su propia gigantez. La escritura para Pound debía ajustar cuentas con el terremoto de la guerra, con la matanza colectiva y con la crisis de las democracias liberales. El estilo debe hacer un control de daños para remover de la bancarrota a la Kultur occidental. La poesía, “esa vieja puta desdentada” es parte de la decadencia sin fin. AL liberalismo lo llama sin pudor “a running sore”. Su poesía es una toma de postura política, es la “impresión en yeso” que la edad del modernismo reaccionario exigía. Pound, artífice del Imagismo primero, del Vorticismo después, experimentador rabioso, critico furibundo del Futurismo. El diagnóstico del vaciamiento del sujeto de la cultura humanista y la disolución del lenguaje también son hiperpolíticas. Igual de políticas son las de sus compañeros de viaje Yeats y Eliot. Y no podría ser de otra manera. Se trata de atravesar transversalmente todos (y “todos” no es retórica) los modelos de formalización del lenguaje literario antes que la cultura occidental se diera una forma económica basada en el plusvalor (con el paso del valor de uso al valor de cambio). Si Pound bucea incansablemente en el vers libre de los poeta mélicos, en los clasicistas isabelinos o en los trovadores franceses, en los haikus de la poesía provenzal o los juglares bretones, es que busca un lenguaje, en forma y ritmo, que supere la irreversible reificación capitalista y la lenta fragmentación- alienación del material por medio del cual la literatura (y la poesía) trabaja. El retorno a los orígenes “que fortifica, porque implica un retorno a la naturaleza y a la razón”, no es romanticismo banal (¡para eso esta Filippo Tommaso Marinetti!), sino el intento de buscar el inicio auténtico fuera de las mediaciones del capital. El hombre de la nueva era “no quiere hacer lo que debe donde no debe”. Tradición no significa ataduras que nos liguen al pasado: es algo bello que conservamos y que se mantiene inmune al circuito dinero-mercancí a-dinero. El fetichismo del dinero es el que ha hecho mercancía al propio lenguaje. Para entender a Pound y su revolución poética debe comprendérselo como un pensador en toda la extensión del término. Pound es como la Quimera homérica: poeta por delante; economista por detrás y en el medio el político. Pound, como Heidegger, como Blanchot, como Céline, como tantos, abrazó la solución fascista no como residuo de una fantástica psicosis, no cómo un error por inexperiencia política sino como resultado coherente de sus propias reflexiones sobre la economía y la política de su tiempo. En el siglo XX la rebelión ideológica liberal precedió a la política, la voluntad de purificar el mundo burgués de las hipotecas del siglo XVIII, así como el rechazo al “malestar” liberal y burgués se unen en un mismo impulso en las más importantes vanguardias literarias y artísticas de Europa.

Modernismo y proto fascismo: “La revolución fascista fue hecha PARA la preservación de determinadas libertades y PARA el mantenimiento de un cierto nivel de cultura, de ciertos estándares vida, pero NO fue hecha para hacer descender un nivel de riquezas o de pobreza, sino que es una denegación a entregar ciertas prerrogativas inmateriales, una denegación de entregar una gran porción de nuestro patrimonio cultural… Es posible que todas las demás revoluciones se han producido sólo después, es decir, muy considerablemente DESPUÉS de un cambio en las condiciones materiales, pero la ‘revolución continua’ de Mussolini es la primera revolución que ocurren simultáneamente con el cambio de las bases materiales de la vida.” (“Jefferson and/or Mussolini”, escrito en 1933, publicado en 1935) Así resumía Pound la positividad del fascismo como fenómeno epocal y, en sus propias palabras en el prefacio de la edición norteamericana del phamplet, nos explicaría a sus lectores “la idea statale del fascismo tal como yo la he visto”. Estas ideas no se las contagió al ver la rivoluzione continua en vivo en Italia: siempre confesó que su Turn hacia la nueva derecha había ocurrido en Inglaterra. Pound fue un intelectual comprometido con su tiempo. Como tantos intelectuales del ‘900 y como su futuro héroe, Mussolini, Pound también comenzó su deriva fascista desde el socialismo. Su lugar fue el diario “New Age”, en el que escribió sin interrupciones diez años: de 1911 a 1921. El diario pertenecía a las Fabian Arts Society y portaba como motto “An Independent Socialist Review of Politics, Literatura and Art”. Antes de la Gran Guerra era considerado el mejor diario de la izquierda británica. Allí escribieron Shaw, Chesterton, Belloc y muchas futuras figuras intelectuales del Labour Party. El diario intentaba realizar una rara síntesis, que ya veremos en otros tipos de fascismos, entre socialismo evolucionista y el sindicalismo. La formación económica de Pound se realizón íntegramente gracias a este diario a través de la difusión de economistas heterodoxos, algunos importantes aún hoy en día, como Silvio Gesell y otros que han pasado al justo olvido, como C. H. Douglas. Ya en pleno fascismo italiano Pound dio conferencias sobre economía planificada y la base hitórica de la economía en la Universidad de Milán a lo largo de 1933. Al inicio del ‘900 en sucesivos artículos Pound defiende las reformas socialistas llamadas “Social Credit”, en clave proudhonnistes y su economista de cabecera es siempre Gesell. Como muchos pre fascistas, Pound cree que modificando la esfera de la circulación y la distribución podría nacer una nueva sociedad sin tocar las estructuras sociales y políticas, sin tocar el derecho de propiedad básico. El fascismo es el único, entre el comunismo y el capitalismo liberal, de llevar a buen término, la justicia económica. Paralelamente a su actividad como socialista de la tercera vía (ni bolchevique, ni liberal) Pound inicia otro tipo de actividades político literarias. En diciembre de 1913, Ezra Pound le escribe al poeta William Carlos Williams una carta donde llama a la escena artística literaria de Londres ”The Vortex”, el vértice. Será un término que hará historia. La aparición en Londres de la revista “Blast” en junio de 1914 anuncia públicamente el nacimiento del “Vorticism”, un movimiento vanguardista emparentado con el futurismo pero que rompía con él en lo esencial. Hasta el “New York Times” de la época destacó la ruptura que se avecinaba. Según la definió Pound en carta a sus padres ” la más inteligente revista de Londres. Ustedes la detestarían “. Lewis había tomado la idea de “Blast” de los cubistas. Marinetti estuvo en Londres en 1913. La revista no sólo destacaba en contenidos sino revolucionaba la forma hasta en los colores (¡rosa chillón en plena época victoriana!) y la tipografía. Su objetivo era “devastar”: devastar la cultura francesa, el humor inglés, la iglesia anglicana, la cultura popular, la prensa tradicional, las autocreídas vanguardias, la burguesía segura y establecida. En la revista escribirán, entre otros, Ford Madox Ford y T. S. Eliot. Más tarde Pound empleará el término “Vortex” para definir la especificidad del arte de su amigo Wyndham Lewis. Lewis es “un verdadero maestro”, fue él el que redacto el “Vorticist Manifesto”, y para Pound debería estar al lado de Gaudier, Picasso o Joyce en cuanto a su papel revolucionario en el arte y la literatura. A Ernest Hemingway, que lo conoció, le disgustaba, y dijo que tenía los ojos ” de un violador fracasado “. Pound se arrepentirá de no haber escrito un libro sobre él toda su vida. De la novela de Lewis “Tarr” (1918, re escrita en 1928), Pound dirá que es “la novela inglesa más vigorosa y vehemente de su tiempo y su autor el fenómeno más excepcional de la época”. El único escritor contemporáneo que puede comparársele es Joyce. El escritor y pintor Wyndham Lewis escribirá un libro en 1931 elogiando a Hitler, editado por Chatto&Windus, aunque nunca llegará al extremo del intelectual fascista comprometido como Marinetti, Drieu, Brasillach o Paul de Man. Lewis considera al nacionalsocialismo (todavía en la oposición) como una respuesta al comunismo, en la que el concepto de raza es un antídoto saludable contra la idea de Klassenkampf, de clase social. El programa hitleriano es un excelente plan para salvar a Europa frente al peligro del bolchevismo asiático. En síntesis: el fascismo, dirá Lewis sin arrepentirse nunca (de manera similar a cómo Heidegger seguía justificando al nacionalsocialismo hasta su muerte) es la expresión revolucionaria más adecuada y más acabada de la oposición al status quo burgués. El modernismo revolucionario. Curioso o no Lewis fue ampliamente difundido en Argentina a través de la revista “Sur” de Victoria Ocampo. Pero la figura de Lewis personifica perfectamente el intelectual modernista reaccionario atraido por la vitalidad, al energía de lo irracional, la fuerza del instinto, todos fenómenos de esta rebelión contrailuminista, antimaterialista, antiburguesa y antimarxista que representará en un primer momento el fascismo italiano, luego el nacionalsocialismo y los diversos fascismos menores de Europa. El vorticismo contribuirá a ilustrar la naturaleza de las afinidades entre revuelta cultural, modernismo reaccionario y el ascenso irresistible del fascismo. Las raíces del modernismo se encuentran entrelazadas con las afinidades electivas de la derecha revolucionaria, el pasado perfecto del futuro fascismo.

Derecha revolucionaria y filosofía: en el grupo vorticista tenía un ideólogo más profundo, un filósofo en toda línea, una especie de Heidegger o Drieu de la Rochelle inglés. Su nombre era Thomas Ernest Hulme. Su ascendencia sobre Pound, Yeats o T. S. Eliot es incuestionable. Ya el perspicaz Borges lo había notado cuando escribió “fue discípulo del filósofo Hulme, con el cual inauguró el Imagismo, destinado a purificar la poesía de todo lo sentimental y retórico” (¿habrá influenciado a su vez el reaccionario Hulme a Borges?). Tanta era la admiración de Pound por Hulmes que en su cuarto libro, ” Ripostes” (1912) , incluye un curioso epílogo, compuesto por los pomposamente calificados Complete Poetical Works of T.E. Hulme. Se trata de cinco poemas, breves, en el estilo de los haikus. Hulme era una personalidad excepcional y el verdadero teórico del clasicismo revolucionario, del que beberán tanto el fascismo como el nazismo. El joven filósofo y crítico de arte reaccionario reunía en el café “Tour Eiffel” del Soho, los jueves por la tarde, a un grupo de escritores que constituían una secesión del tradicional Poet’s Club londinense creado por un banquero. El jueves 22 de abril de 1909, Pound llegó por primera vez a ese cenáculo, invitado por su maestro Hulme. Un miembro del grupo, F.S. Flint, quién junto con Hulme y Pound crearán el “Imagism”, recuerda esa primera y memorable ocasión: “(Pound) debe haber olvidado, o nunca se enteró, de la excitación con la que los clientes de las demás mesas le oyeron declamar su Sestina: Altaforte… qué fuerte vibraba la mesa en resonancia con su voz”. Los imagistas editarán una antología que hará época llamada ” Des Imagistes” será publicada en 1914 en EE.UU. y el Reino Unido. La integraban: Richard Aldington, F.S. Flint, Skipwith Cannell, Amy Lowell, William Carlos Williams, D.H. Lawrence, James Joyce, Ford Madox Hueffer (todavía no era Ford Madox Ford), Allen Upward, John Cournos, y Ezra Pound. Hay allí al menos tres de los mayores escritores en lengua inglesa del siglo (Lawrence, Joyce y Williams) reunidos por mérito exclusivo del cuarto de ellos. El libro fue recibido con desprecio e indiferencia. Pero sigamos con Hulme. El filósofo tomó la iniciativa de traducir al inglés las “Réflexions sur la violence” de Georges Sorel, el teórico sindicalista que revisaba en clave antimaterialista a Marx. Mussolini declaraba que “mis modestas ideas han encontrado confirmación autorizada en la obra de Georges Sorel”. El fascismo consideraba la obra soreliana como una fuente de inspiración y un antídoto saludable contra las perversiones marxistas. Hulme también tradujo al inglés a Henri Bergson y su vitalismo antikantiano, otra de las fuentes filosóficas del futuro fascismo. Hulme se presentó como voluntario entusiasta y murió en la Gran Guerra en septiembre de 1917, en Flandes a la edad de 34 años. En su época, según relatan diversos testimonios, se había transformado en una de las inteligencias más influyentes y uno de los principales protagonistas de la escena intelectual. T. S. Eliot dijo que era “el gran precursor de un estado de ánimo nuevo, el estado de ánimo del siglo XX” y lo definía como “un clásico, un reaccionario y un revolucionario en las antípodas del espíritu eclético, tolerante y democrático del siglo pasado”. La médula del pensamiento de Hulme, todavía no maduro por su edad, es un violento ataque al humanismo, a la perfectibilidad humana, a la empatía artificial y a la idea de progreso. Su objeto de demolición es la idea según la cual la existencia es o debe ser la fuente de la que emana todos los valores. Hulme arremete contra todo el espíritu y el arte del Renacimiento (Donatello, Miguel Angel, Marlowe) y contra la ética y la política dereivada de él: Descartes, Hobbes, Spinoza, Rousseau. Su etxtos declaran la guerra al romanticismo, pero al romanticismo de 1789 (el de la Gran Revolución Francesa) ya la concepción roussoniana del individuo (el hombre es bueno por naturaleza). Hulme adopta el punto de vista del gran reaccionario Burke, las posiciones y definiciones de Charles Maurras (lo dice específicamente) , de Laserre y de los proto fascistas de la Acción Francesa. Los románticos creen en la infinidad del hombre, nosotros, dirá Hulme, en sus límites. Es necesaria, sobre la lenta Untergang de Occidente, una estricta disciplina religiosa (o un sustituto a este lazo) que implica, en las formas institucionales, disciplina política (ya no basada en ese invento llamado “contrato social”) y obediencia al estado. Este es el fundamento de la llamada “Anti-Democratic Intelligentszia” : rechazar de plano la tradición plumista y humanista; criticar con violencia extrema y subversiva la democracia liberal. La tarea del siglo XX, señalaba Hulme, era logra disociar a la clase obrera de la democracia. En este marco es el que hay que entender el trabajo poético y el alcance de la creación literaria de Pound. Hulme, admirador de Sorel, ofreció un retrato del teórico de la violencia y del sindicalismo revolucionario que podría aplicarse a su discípulo Pound: “Un revolucionario que es un antidemócrata, un absolutista en cuestiones de ética, que rechaza todo tipo de racionalismo y de relativismo, que concede la mayor importancia al elemento místico en religión, elemento que está convencido que nunca desaparecerá, que habla con menosprecio del modernismo y del progreso y utiliza un concepto como el honor sin el más mínimo toque de irrealidad”.

Confucio & Mussolini: Pound empezó a leer a Confucio de traducciones del francés en 1914-1915. Hizo varias pequeñas traducciones y en 1928 apareció su primera gran versión inglesa de uno de los clásicos “El Gran Compendio”. Ya en sus “The Cantos” se encontraban numerosas citas de “Las Analectas”. En sus cartas recientemente descubiertas se ve la tensión de Pound en su busca de una ética comunitaria que pudiera complementarse con el fascismo sobre el terreno. ¿Cómo intentó realizar Pound una síntesis hegeliana entre confucianismo y fascismo italiano? Confucio “que tenía a su espalda dos mil años de historia documentada, que él condensó de manera que fuera de utilidad a los hombres que ocupan cargos oficiales” permitía una Sittlichkeit, una moralidad estatal basada en salidas pragmáticas, evitando la politiquería y las discusiones abstractas de la burocracia. Confucio además sostenía una antropología pesimista sobre el hombre y un regreso a una época dorada imperial, en la cual los hombres de letras y eruditos gozarían de una posición de clase ventajosa. Los funcionarios superiores del Stato Totale deberían ser instruidos en “Las Analectas” confucianas y como regla general “no se debe permitir que ningún cristiano desempeñe cargos ejecutivos”. A Mussolini, el fondatore dell’Impero que había ya cambiado el gobierno burgués por “algo positivo, por una máquina útil”, le podría ser de enorme ayuda el aporte autoritario, centralista y práctico del confucianismo. Del judaísmo ni hablar, aunque podrían conservarse “unos cuantos judíos serios”. Confucio más Mussolini era la Océana ideal, que superaría el comunismo bolchevique y las plutocracias occidentales. Pound pensaba que el nacionalsocialismo estaba más cerca que el fascismo en los ideales confucianos de su estado. El final ignominioso de Pound es ya conocido. Hay algunas anécdotas que nos pintan qué lejos estaba en su adhesión al fascismo de la esquizofrenia. Un Pound entusiasmado contaba que a Mussolini, “que tiene sentido del tiempo”, le gustaba la música clásica por sobre la música ligera contemporánea. El clasicismo revolucionario se encarnaba en il Duce. Y que il Fascio (como llamaba en su florido lenguaje a la dictadura fascista) era “un fenómeno interesante” , tras el cual “hay perspectiva histórica”. El “estado imperialista capitalista” (sic) no sólo tenía que ser juzgado en comparación con el fascismo desplegado o con las utopías sin realizar sino con las formas pasadas de sociedad. La época no era de pasividad, de espectadores sino de acción: en su entusiasmo reaccionario se puso a preparar un guión cinematográfico en 1932 sobre la historia del fascismo, enviándole un ejemplar a Mussolini con dedicatoria. Finalmente logró el encuentro más deseado: el 30 de enero de 1933 se entrevistó con il Duce en el Palazzo Venecia, presentándole al dictador una lista de propuestas sobre reformas monetarias, económicas y además, como confesó, vislumbrar la grandeza mental de Mussolini. Le regaló un draft de XXX Cantos, el dictador lo hojeó, leyó algunos poemas y le dijo que lo encontraba “divertente” . Pound consideró esa frase un comentario muy serio que indicaba que el gran hombre de estado en un instante había llegado al alma de su obra. Emocionado como Hegel cuando vio a Napoleón en Jena, Pound consideró el hecho como una prueba de la brillantez de Mussolini y el hecho que “The Cantos” sería una obra para Übermenschen, superhombres. Su impresión en yeso para esta época. Desde aquel día Pound no llamaba a Mussolini por su nombre, sino se refería a él como “Muss” o “The Boss” (como le llama en los primeros versos del canto 41). Era el “artifex”, un genio sin medida. Eliot en “The Criterion” le publicó un artículo titulado “Asesinato por el Capital”, donde presenta a Mussolini como “el primer jefe de estado de los últimos tiempos en percibir y proclamar que la calidad era una dimensión de la producción nacional”. En “Guía de la Cultura” (1937), impresionado por ese encuentro (que será el último) Pound decía que “Mussolini, un gran hombre, demostrablemente en sus efectos sobre los acontecimientos, inadvertidamente en la rapidez mental, en la velocidad con que se expresa su verdadera emoción en su cara, de tal modo que únicamente un hombre retorcido podría malinterpretar lo que quiere decir y cuales son sus intenciones básicas”. Y “The Cantos” tiene sus propios capítulos fascistas: los cantos LXII al LXXII, conocidos como The Adams Cantos. Quiso escribir un libro sobre il Duce que nunca pudo realizar. Cuando viajó por última vez a los Estados Unidos, en 1939, al descender del trasatlántico italiano Rex (por supuesto en una suite de 1ª calse) declaró a la prensa que “Mussolini y Hitler han hecho más cosas por la paz que todas las democracias liberales”. Ya en esos momentos Hitler se había anexionado Austria y los Sudetes, Mussolini ya había conquistado con sangre Abisinia para su nuevo Imperium romano, y Pound apoyaba la operación colonialista: “Abisinia está mejor bajo el mandato de il Duce que de Negus (el emperador nativo)”. En tan sólo unos meses el IIIº Reich atacaría Polonia, estallando la Segunda Guerra Mundial. Pound utilizaba un papel de diseño propio para escribir, tenía un dibujo de sí mismo diseñado por Wyndham Lewis y tenía un motto fascista en el encabezado que decía: “La libertad es un deber, no un derecho”. A la vuelta a Rapallo desde los EE.UU. se desató la guerra. Pound ofreció sus servicios al gobierno italiano para montar una serie de emisiones radiales que llevaran a los americanos a apreciar y simpatizar con el fascismo. La primera emisión fue en enero de 1941. La idea general de Pound era que las guerras eran creadas por la codicia de los usureros y los fabricantes de armamento. Cuando Japón atacó Pearl Harbor, obligando a los EE.UU. a declararle la guerra el Eje (diciembre de 1941) Pound decidió seguir emitiendo con su propio nombre y señaló que “Roosevelt está en manos de los judíos más de lo que el presidente Wilson lo estuvo en 1919”. El 26 de julio de 1943, una corte federal de los Estados Unidos acusó a Ezra Pound de adherir a los enemigos de los Estados Unidos. En otras palabras, traición. La pena iba desde 5 años de prisión y U$S 10.000, a la silla eléctrica o mejor dicho, la horca.

La caída de los dioses: El 10 de julio de 1943, tropas británicas y estadounidenses desembarcan al sur-este de la isla de Sicilia y la ocupan en poco más de un mes. La invasión aliada de territorio italiano provoca que, el 24 de julio, se produzca un putsch palaciego, el rey de Italia Víctor Manuel IIII ordene la detención de Mussolini y nombra al mariscal Badoglio nuevo presidente del país. El gobierno de Badoglio se rindió a los aliados y los alemanes ocuparon toda Italia. Un comando libera a Mussolini quién establece la Italia fascista en el norte, con capital en Milán. Se la conocerá como la Repubblica Sociale Italiana (RSI) , pero su nombre popular será República de Saló, debido a que la residencia de il Duce estaba en Saló, pequeña ciudad en el lago Garda. Pound estaba en ese mes crucial de septiembre de 1943 en Roma. Un empleado del Minculpop (Ministerio de Cultura Popular fascista) recuerda haber visto a Pound deambulando por las desiertas oficinas, buscando manuscritos de sus charlas radiales. Los días finales fueron un caos, con los fascistas huyendo hacia el norte. Pound también lo hizo, al mejor estilo de Céline: salió de Roma por la vía Salaria, cruzó el municipio de Fara Sabina y durmió bajo las estrellas. Tomo un tren abarrotado y medio a pie logró llegar al Tirol, zona segura. Toda esta experiencia de huída hacia Saló también aparecerán en “The Cantos” 77, 78 y 79. Se reincorporará al movimiento y pone todo su talento para sostener la república de opereta de un Mussolini ya quebrado. Compone canciones para las milicias fascistas, traduce y escribe panfletos, artículo, manifiestos y posters, todo ello en italiano. Los posters fueron impresos con máximas confucianas o slogans fascistas de la época reformados por Pound. Entre 1943 y 1945, fecha en al que es encarcelado, Pound imprimió seis obras en la República de Saló, incluido el testamento de Confucio. Escribió artículos en la revista propagandística del régimen “Gladio”. Pound apoya el fascismo de izquierda, una especie de vuelta a los orígenes, de Mussolini, aportando ideas y proyectos culturales. Su foto y descripción habían sido distribuidas en el frente y lo buscaba no sólo el ejército, sino un fiscal general y el FBI. Cuando lo atraparon en Sant’ Ambrosio estaba traduciendo el “Libro de Mencio”, el seguidor más fiel de Confucio pero el más populista. Para vergüenza de su etnocentrismo, Pound se rindió en mayo de 1945 a una raza inferior: un soldado negro con una carabina que lo llevó bajo arresto a Lavagna. En una conversación con uno de los ministros de Saló, Pound le explicó la amalgama de fascismo y confucianismo, su valor para elevar la moral del combate: “The Value of Philosophy (or of a Philosophy) is that it Reinforces Courage. Confucius is the Staff to take in the Trenches”. (NGV)

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Ezra Pound y la música

diciembre 21, 2007

1,2,3… Lo esencial está en la matemática del tiempo, en el sonido de las vocales. Que la economía del poema nos revele el ritmo, la canción, un fluir de palabras que se tornen música y canto. Eso es poesía. “La cuestión de la duración relativa de las sílabas nunca ha sido descuidada por los hombres de oído sensible. Particularmente quiero evitar detalles técnicos. La manera de aprender la música del verso es oírla”. Ezra Pound se cansó de aconsejar, de requerir e indicar que el acento debe estar en la música, que la palabra debe volver a alcanzar su máxima posibilidad. Ser pleno sonido donde lata el espíritu y la voz del poeta, donde todo su corazón y pensamiento resuenen como una dulce flauta, a semejanza de lo que sucedía en la poesía medieval, en Sicilia, Provenza o Florencia. En ese entonces poesía y canción no eran términos disociados. Ambos eran uno y el mismo, y no estaba en la naturaleza de la época la suposición de algo distinto. Se escribía para cantar, para entonar las estrofas con música -la cual comúnmente era del mismo autor, como en el caso de los trovadores- impidiéndose de esta manera que el poema se transformase en un mero objeto declamatorio. Situación casi ilusoria en comparación con la actual. Hoy, con sólo abrir alguna de las tantas publicaciones de los llamdodos nuevos poetas, nos hallamos, inmediatamente, ante una salvaje producción donde con desenfado se ha dejado de lado todo lo referente al ”tempo” y, por consiguiente, a la vida de las palabras. Pound confió en volver a la antigua concepción de la poesía como canto y acometió con todas sus fuerzas la labor que lo esperaba en sus roles de crítico, estudioso y forjador de ese renacimiento -“Risvegliamento”, como también lo llamó- que él auguraba y por el cual urgió.

Libertad del artista

Todo esto es posible para el autor de los “Cantos” si el artista goza de libertad. De una libertad que va desde el desprendimiento de los apremios materiales hasta la libertad de expresión. Sin ella todo lo que que resta es poca cosa, se torna cenizas sin haber alcanzando a ser fuego. Pound cuando soñaba con ese renacimiento de la cultura, y en especial de las letras, jamás podía dejar de pensar en la libre expresión, de tenerla presente. Prueba de ello son los diversos estudios que van desde Homero hasta la poesía china y la poesía japonesa, estudios animados por su consideración de la literatura como algo vivo, como un todo único y representativo de la historia íntegra del hombre. Por esto, Pound apunta a emprender un enorme esfuerzo en pos de la producción de algo semejante al “Risorgimiento” italiano. El poeta tiene la gran función social de rescate, desde su “máscara”, de la tradición, de llevar los horizontes hasta el límite extremo y tras esa experiencia entregarnos ese todo tan suyo como propio de la humanidad y su discurso.

Precisión del lenguaje

Muy importante también es para él el cuidado por la eficacia en el uso del lenguaje, en la precisión de los términos empleados. Recordemos cómo elogia la exactitud que se tiene en la Edad Media para con la terminología. El escritor mediante el modo en que maneja la lengua influye en la sociedad más de lo que estamos preparados para percibir. Es creador y trasformador del instrumento por excelencia de la comunicación humana. Y Pound, debido a su sagacidad y profunda penetración, jamás iba a permitirse que se le escapara ese detalle. Su tarea era meditar en esa capacidad que traspasa lo estético.
Esta visión entronca con la noción, que él festeja de “dichten” -verbo alemán derivado de “Dichtung”, poesía- como “condensar”. De esta manera, concibe la literatura como el arte de cargar el idioma de la mayor intensidad, extremando esta capacidad. En su concepción, un mal escritor es aquel que usa más palabras de las necesarias, idea totalmente acorde con la de precisión y claridad.
En entrañable relación con estos pensamientos, su amigo W.C. Williams, en un esbozo de “credo imaginista”, define la imagen como “aquello que presenta un complejo intelectual y emocional en un instante de tiempo”. Williams, además, dará un consejo no menos apropiado: “No uses palabras superfluas, adjetivo alguno, que no revele algo”.

Concluyendo, podemos decir que Pound siempre manifiesta un especial cuidado por los términos y el sonido que éstos adquieren en el poema y en la prosa. Por eso pide y señala lo fundamental: oír el verso, oír esa música que se encuentra como dormida en la palabra pero que debe que existir para que haya poesía. Declara que unas horas de antiguos poemas líricos cantados, nos enseñarán más que un año de trabajo filológico acerca de esta forma de “melopeia”.
Toda la obra de Ezra Pound, desde sus poemas hasta sus translaciones -ve en los “Rubaiyat” de Fitzgerald un ejemplo de traducción- es, además de la demostración de un inmenso amor por la poesía, un intento de proporcionar un conocimiento, de conformar un criterio realmente válido para la lectura y crítica de textos. Para esto Pound programa una serie de lecturas que funcionan como vacuna para el iniciado. Este programa dura de tres a cuatro años e incluye desde Confucio y Virgilio hasta Gautier y Rimbaud.
Los autores pasan a ser “ejes de referencia” que permiten elaborar posteriores juicios acerca de los nuevos escritores que el alumno irá conociendo. Estos “ejes de referencia” son el mínimo necesario sin el cual se perdería toda certeza y se otorgaría un valor desproporcionado a obras menores.
Estos preceptos de Pound no se nos presentan a nosotros como meras invenciones aisladas que, fuera se su contexto, parecen muertas, Quien no sienta dentro de sí la eterna conmoción que cada gestación poética significa, raramente podrá hacer más que mostrar el frío y deslucido esqueleto de la retórica. Con Ezra Pound sucede exactamente lo contrario, todo en él es creación, vivió ebrio de creación, obsesionado por las palabras y su música. Sólo así se puede llevar a la escritura infinitas obras tan bellas como “Francesca”:

Saliste de la noche
y había flores en tus manos
saldrás ahora de una masa confusa,
de un hablar agitado sobre ti.

Yo que te vi en cosas esenciales
me indigné cuando oí decir tu nombre
en sitios ordinarios.
Quisiera que olas frescas fluyeran en mi mente,
que el mundo se secara igual que una hoja muerta,
cual vaina de amargón que alguien tirara
para poder hallarte nuevamente,sola. (2)

Bien lo dice Borges: “Pound encierra ternuras imprevisibles”.

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La radicalidad poética de Ezra Pound

septiembre 25, 2007

MARIANO ANTOLIN RATO

LA POESIA «GLOBAL».- Llegan a España nuevos libros del controvertido poeta norteamericano Ezra Pound (1885-1972). Su obra se vuelve a poner de moda gracias a la publicación de dos de sus creaciones literarias. El ABC de la lectura, traducido por Miguel Martínez-Lage, aunque es un libro dedicado a estudiantes, está repleto de opiniones radicales y contundentes. Pound considera al poeta inglés John Milton un idiota y obtuso y a Shakespeare un dramaturgo frustrado porque su obsesión era la poesía. Por otro lado, Hiperión publicó Personae, un poemario traducido por Jenaro Talens en el que el poeta pretende trasladar al inglés la concisión de una lengua oriental como el japonés.

MADRID.- Casi todos los españoles a quienes interesa Ezra Pound -y no son tan pocos-, saben que el poeta norteamericano cuenta con un monumento en Medinaceli.

Consiste en un monolito de piedra que tiene grabado: «Todavía cantan los gallos de Medinaceli al amanecer». Se trata de un verso que, según la leyenda, Pound escribió después de pasar una noche en un pajar. Eran los inicios del siglo XX. Por entonces Pound -otra vez la leyenda- recorría a pie Italia, Francia (sobre todo el sur, la Provenza) y, claro está, España. Todavía era estudiante en su país natal, había venido a Europa con una beca, y se proponía hacer una tesis sobre el «gracioso» en las comedias de Lope de Vega.

Nunca llegó a terminarla -al menos, no la publicó- pero se refiere a Lope, al Poema del Cid, y a Pérez Galdós, en su primera obra no estrictamente poética: El espíritu del Romance, aparecida en 1910. Las referencias a la literatura española seguirán presentes en sus escritos posteriores. Y así, en uno de sus últimos Cantos -de los años 50- vuelve a mencionar unos versos del Cantar del Mío Cid y otros de Animal de fondo, de Juan Ramón Jiménez.

Orientalismo

Además, Ezra Pound hizo frecuentes referencias -en ocasiones excesivas- a poetas chinos, japoneses, provenzales, italianos, ingleses, franceses, norteamericanos -pocas a éstos, si se exceptúa a Walt Whitman, a quien nunca apreció-, y prosistas como Henry James o Gustave Flaubert, demostrando unos conocimientos literarios enciclopédicos. De hecho, fue el primer escritor occidental que consideró seria y honradamente a un autor no occidental como un clásico, difuminando así las líneas del imperialismo de la cultura de donde se pone el sol.

Ezra Loomis Pound nació en 1885 en una cabaña de Hailey, Idaho, uno de los Estados más perdidos de la Norteamérica profunda. Estudió en la Universidad de Pennsylvania, graduándose en el equivalente a Filología Románica. Estuvo un año de profesor ayudante en una universidad de Indiana, de donde fue expulsado por conducta indecorosa -él siempre insistió en que se había tratado de un equívoco fruto del puritanismo de su país-, y en 1908 se traslada a Europa, con 80 dólares y la cabeza llena de ideas -contará Pound-.

Ese mismo año, en Italia, publica su primer libro de poemas, A Lume Spento. Enseguida se instala en Londres, donde reside hasta 1920 con su aire de cowboy -se ha dicho-, y llevando una vida intensa, tanto literaria, como social y política, que deja una huella imborrable en la literatura de las dos primeras décadas del siglo.

Se ha subrayado la generosidad de Pound para con sus colegas y amigos. De hecho, algunos calculan que en esa época sólo dedicó una quinta parte de su tiempo a su propia poesía y obra crítica, ocupando el resto de sus horas en ayudar, tanto literaria como económicamente -él no tenía dinero, pero sabía dónde conseguirlo- a escritores que, según él, merecían la pena, y nunca erró, como D.H. Lawrence, James Joyce, Williams Carlos Williams y, un poco después Ernest Hemingway. Este escribió de Pound: «Siempre daba la impresión de estar a punto de ir a otro sitio. Tiene el temperamento de un toro de lidia de don Eduardo Miura. Si alguien despliega un capote o le ofrece una muleta, embiste». Y añade Hemingway: «Pound es un hombre alto, de barba pelirroja, con un extraño corte depelo y muy tímido… y no piensa que haya venido a este mundo a sufrir».

En esos años publica sus más importantes poemas, se casa, defiende a los trovadores franceses y de los italianos -a los que ve como contemporáneos suyos, no como piezas de museo-. También traduce y, junto a otros poetas y artistas plásticos, crea movimientos de vanguardia como el Imagismo o el Vorticismo.

Todos los poemas de esa época, más algunos inéditos y bastantes de sus peculiares, brillantes e influyentes versiones, paráfrasis y adaptaciones de los poetas provenzales, chinos, griegos y romanos, que convulsionaron la poesía anglosajona, quedan recogidos en Personae. Traducidoahora al castellano de modo impecable por el poeta Jenaro Talens y el editor Jesús Munárriz (Hiperión, Madrid, 2000). Personae ofrece la poesía de Pound, anterior a los Cantos, iniciados al final de su estancia londinense y editados aquí hace unos meses por Cátedra (Madrid, 1999). En ellos «incorpora su erudición a su sensibilidad» -T. S. Eliot dixit-, y pone de manifiesto la idea de personaje, de máscara, que tenía el término persona en latín. Uno de ellos es el famosísimo, «En una estación del metro» -perteneciente al libro Lustra, 1913-1915-.

Condensación

El poema dice: «La aparición de esos rostros entre la multitud;/ pétalos sobre una rama negra, húmeda», y ha quedado como una muestra especialmente conseguida en un idioma occidental de esa forma poética japonesa tan condensada y perfecta, el haiku. Pound pone de manifiesto sus intentos -a veces, como ésta, tan logrados- de trasladar al inglés la concisión y calidad visual de una lengua ideográfica, como el japonés. Defiende, además y sobre todo, los placeres de los sentidos, por mucho que los placeres de la literatura no sean del mismo orden que los de los sentidos. Pero es que, para Pound, la literatura no es una cosa mental: la poesía se compone para ser leída en voz alta.

La versión de Talens y Munárriz es la mejor de las posibles hoy en día, aunque a veces no transmita, por ejemplo en el extenso poema Mauberley -resultado de años de trabajo, con su simplicidad y sus rimas ingenuas y variadas (imposibles de traducir al castellano, de acuerdo, aunque esto lo discutiría Angel Crespo)-, que no transmitan los juegos rítmicos tan buscados por Pound. Y muchos críticos que niegan que Pound posea la menor calidad, al menos le conceden que tenía «oído». Eso no impide que el lector aprecie en esta versión, difícilmente mejorable y que quedará como referencia imprescindible de Pound en castellano, cómo pide tiempo el poeta «para verse libre de… de su desconcierto» con «un pensamiento inconexo hecho de estas borrosas series de intermitencias» que «le llevaron, como él bien sabía, a su exclusión final del mundo de las letras», y a encontrarse con la inscripción «hasta aquí arrastró la corriente a un hedonista» -las frases entrecomilladas pertenecen el mencionado Mauberley.

En 1920, pues, Pound deja Inglaterra, según él: «Un país donde las personas incompetentes tienen unas maneras tan agradables y una personalidad tan delicada y atrayente, que resulta penoso herir sus sentimientos imponiéndoles una crítica competente». Instalado en París, se une a jóvenes escritores franceses y a los expatriados norteamericanos de lo que se llamó Generación Perdida -un nombre que la escritora Gertrude Stein aplicó a Scott Fitzgerald, Dos Passos, o el mencionado Hemingway, entre otros-, y continúa hablando poéticamente por boca de otros, emprendiendo monólogos dramáticos, mezclando pasado y presente. Y pone de manifiesto que se atiene a su principio de que «si la vida de un hombre le exige vivir en el exilio, que sufra, disfrute su exilio con alegría».

En 1924, Ezra Pound se traslada a Italia. Entonces está entregado a la composición de sus monumentales Cantos, y también -para desgracia suya- se ocupa de política y de economía, obsesionado por su teoría de la usura. Publica algunos importantes libros de crítica literaria, como El ABC de la lectura (1934), que acaba de ser traducido al castellano (Ediciones de escritura creativa Fuentetaja, Madrid, 2000) por Miguel Martínez-Lage con su habitual brillantez. Se trata de un libro didáctico que es recibido con alegría en unos años en que impera la literatura provinciana y el globalismo económico.

El ABC de la lectura, destinado a los estudiantes, contiene algunas de las opiniones más contundentes y desprejuzgadas de Pound. Por ejemplo que «la principal causa de la falsa escritura es de orden económico. Son muchos los escritores que quieren dinero, o que incluso lo necesitan. Estos escritores podrían curarse de este mal con una buena ración de billetes de curso legal». O que «el cine invalida una gran cantidad de narraciones de segunda fila, y no es menor el teatro que descarta».

En ocasiones se embala, y afirma que John Milton es idiota y obtuso, caprichoso y fantasioso; o que Shakespeare «deseaba ser poeta, pero por causas de fuerza mayor tuvo que dedicarse a escribir obras de teatro». Pero, sobre todo, vuelve a insistir en sus intereses de siempre: Arnaut Daniel y otros trovadores provenzales, Guido Cavalcanti, Dante y pocos poetas italianos más. Villon, Chaucer, John Donne, representantes estos últimos -para él- de una literatura inglesa que no miraba a Europa desde fuera, como si estuviera separada de la tradición clásica.

«He prometido un libro de texto, y es posible que me vaya un poco por las ramas» -escribe Pound en El ABC de la lectura-. Algo que no importa nada, y que más bien se agradece, pues sus análisis de Safo, Ovidio o Propercio -por ejemplo- resultan apasionantes. Lo mismo que sus teorías sobre la poesía china, por mucho que los sinólogos profesionales digan que simplifican en grado sumo la complejidad de la escritura ideográfica en que se compusieron originalmente. Aseguran que cuando afirma: «Los caracteres y las frases del chino son ante todo evidentes escenografías visuales», Pound está delirando, pues sólo una quinta parte del léxico chino se ajusta a esa descripción. Aunque debe tenerse en cuenta que, no por equivocada, deja de ser fructífera su interpretación, como demuestran sus versiones de poemas donde conserva los «sonidos superiores» etimológicos de los signos. Una teoría, desarrollada en El ABC de la lectura, según la cual el lenguaje debe «estar cargado de sentido hasta el límite de lo posible», partiendo de palabras que «proyectan imágenes sobre la retina mental».

Estalla la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y Pound continúa en Italia. Por la radio fascista suelta proclamas anticapitalistas, antidemocráticas, antiamericanas y antisemitas (también antinazis), y continúa trabajando en los Cantos -en uno de los últimos dice: «Perdí el centro peleando con el mundo»-. Con la derrota alemana, es hecho prisionero por los aliados. Acusado de traidor por sus compatriotas, fue internado en una celda de castigo, en la ciudad de Pisa. Lo condenan a muerte (en este periodo escribe sus poemas más conmovedores, los conocidos por Cantos pisanos). Finalmente lo llevan a Estados Unidos en una celda aislada y, salvado de la pena capital merced a una argucia psiquiátrica que consigue que el jurado le declare «privado de razón», terminan en un manicomio.

Pasará allí 13 años. Decide que sus Cantos se llamaran Cantares, como los de gesta castellanos, hasta que en 1958, lo dejan en libertad y se va a Italia. Guardará un silencio casi absoluto -«He llegado tarde a la incertidumbre total… y llegado por el sufrimiento», declara en una de las escasas entrevistas que concedió-, hasta 1972, cuando muere en Venecia.

Antes, en 1968, había dado por concluidos los Cantares (son 117; más de 800 páginas), donde ofrece un flujo de pensamientos fugaces atrapados sobre la marcha en un tejido que va desde China hace milenios, hasta la última noticia del diario del día anterior, pasando por la Florencia renacentista, las cortes medievales francesas y casi todo lo imaginable. Así, ofrece una representación épica del mundo moderno -esdecir, del moderno de hace unos 50 años-, en todo su caos, que permanece como una de las obras más estimulantes y grandiosas de la literatura.

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Contra la usura, el verso y la voz: Ezra Pound.

septiembre 2, 2007

Urioste.eu

Publicado por Diego Urioste on 1/09/07

Ezra pound Presentar a Ezra Pound de forma prosaica es una limitación formal comparable a la visión meramente modal del vorticismo cuando irrumpió de forma genial y violenta en el Arte. Adentrarse en la vida de este europeo nacido en Estados Unidos es atravesar los lúgubres bosques de la mediocridad, romper con la ignominia de nuestro tiempo y poder acariciar las musas de la poesía universal, del combate militante. Ezra Pound es verbo, contundencia y Verdad. Es flor y espada, verso y grito, poeta y guerrero.

Él comprendió cual era el problema que subyugaba nuestra época y puso su mejor arma a disposición del único estandarte dispuesto a combatirlo: el fascismo revolucionario. Su claridad y empuje asustó a propios y extraños, pero su fuerte e inquebrantable voluntad le elevó y coronó con luréola eterna, como gustaba dibujarse. Cuando un hombre resuelve el enigma de su tiempo, cuando descifra el código del enemigo del mundo, su deber es impugnarlo contundentemente. Así lo hizo Ezra Pound desde el arte poético y desde las ondas didácticas, hasta su muerte.

La Usura, el mal angular de una época oscura, la maldición de los hombres y mujeres libres. La servidumbre del dinero, la dictadura del Capital, el oprobio de la libertad. Históricamente lucharon también contra el interés del dinero, predicando, San Ambrosio, San Agustín y San Juan Crisóstomo entre otros; también los canonistas españoles Covarrubias y Gonzalez Tellez. En el siglo XX descató también el nacionalsocialista strasserista Gottfried Feder con “El Manifiesto contra la Usura y la servidumbre del interés del dinero”, principal “culpable” del inicio de la lucha de Adolf Hitler, quién escribió en “Mi Lucha”: “Por primera vez en mi vida escuché una disertación fundamental sobre el capital bursátil y prestamista internacional. Después de haber oído la exposición de Feder, de inmediato me cruzó la mente el pensamiento de haber encontrado ahora el camino hacia una de las premisas más esenciales para la fundación de un nuevo partido. El mérito de Feder residía a mis ojos en que había establecido con desconsiderada brutalidad el carácter tanto especulativo como económico del capital bursátil y prestamista, pero descubriendo su eterna premisa del interés.”

Contra la usura, poesía

CANTAR XLV. Con Usura
Ezra Pound

Con usura no tiene el hombre casa de buena piedra
Con bien cortados bloques y dispuestos
de modo que el diseño lo cobije,
con usura no hay paraíso pintado para el hombre en los muros de su iglesia
harpes et lutz (arpas y laúdes)
o lugar donde la virgen reciba el mensaje
y su halo se proyecte por la grieta,
con usura
no se ve el hombre Gonzaga,
ni a su gente ni a sus concubinas
no se pinta un cuadro para que perdure ni para tenerlo en casa
sino para venderlo y pronto
con usura,
pecado contra la naturaleza,
es tu pan para siempre harapiento,
seco como papel, sin trigo de montaña,
sin la fuerte harina.
Con usura se hincha la línea
con usura nada está en su sitio (no hay límites precisos)
y nadie encuentra un lugar para su casa.
El picapedrero es apartado de la piedra
el tejedor es apartado del telar
con usura
no llega lana al mercado
no vale nada la oveja con usura.
Usura es un parásito
mella la aguja en manos de la doncella
y paraliza el talento del que hila. Pietro Lombardo
no vino por usura
Duccio no vino por usura
ni Pier della Francesca; no por usura Zuan Bellini
ni se pintó “La Calunnia”
No vino por usura Angélico; no vino Ambrogio Praedis,
no hubo iglesia de piedra con la firma: Adamo me fecit.
No por usura St. Trophime
no por usura St. Hilaire.
Usura oxida el cincel
Oxida la obra y al artesano
Corroe el hilo en el telar
Nadie hubiese aprendido a poner oro en su diseño;
Y el azur tiene una llaga con usura;
se queda sin bordar la tela.
No encuentra el esmeralda un Memling
Usura mata al niño en el útero
No deja que el joven corteje
Ha llevado la sequedad hasta la cama, y yace
entre la joven novia y su marido
Contra naturam
Ellos trajeron putas a Eleusis
Sientan cadáveres a su banquete
por mandato de usura.

Contra la usura, “Aquí la voz de Europa”

Recientemente Ediciones Nueva República ha publicado “Aquí la voz de Europa. Alocuciones desde Radio Roma” [1], una recopilación de algunas de sus conversaciones radiofónicas desde la radio fascista. Comenzaron a principios de 1941, una cada tres días y de una duración de diez minutos. Después de un tiempo de “desconexión”, Ezra Pound vuelve con más fuerza, precedido por un comunicado: “Radio Roma, actuando de acuerdo con la política fascista de libertad intelectual y de la libre expresión de las opiniones por parte de quienes se hallan cualificados para ello, ha ofrecido al doctor Ezra Pound usar el micrófono dos veces por semana. Queda entendido que no le será pedido decir nada contrario a su conciencia o que sea incompatible con sus deberes de Ciudadano de los Estados Unidos de América”[2].

En estas charlas, Ezra Pound se muestra claro y conciso, con espíritu didáctico. Sabe que el desconocimiento de la economía es el principal problema de la lucha anticapitalista. En ellas, habla de los Roosevelt, los Morgenthau, los Lehman y los Warburg, de su influencia -y de su dominio- en las políticas de las naciones, de las guerras promovidas por estos, por intereses económicos. Explica como pueblos enteros han sido conducidos a la muerte dirigidos de aquellos que sojuzgan las patrias, avasallando a los ciudadanos y a los gobiernos con el interés del dinero: es la usurocracia.

Con brillantez y concisión desmenuza los medios de esa usurocracia para convencer a los hombres y mujeres de ir a la guerra, a la guerra de los otros. Describe como las coporaciones de información y difusión, como el Times o la B.B.C. , son instrumentos de esa cloaca que domina la economía y las finanzas. Como, a través de esos medios, colocan a sus candidatos (por ejemplo Churchill) para alzancar sus objetivos políticos, ya sean leyes favorables a sus intereses o directamente alguna declaración de guerra. Es el hedor capitalista.

La corrupción de nuestro tiempo es total. Ve con indignación como la mancha infecta llega a todas las capas de la vida. El lenguaje se ha corrompido de una forma estudiada, dirigida y con un objetivo claro: desinformar, tergiversar y por lo tanto domeñar y oprimir. Destruyendo la precisión de la terminología, enajenando el cultivo del buen uso de las palabras, de los significados, se dominan las propias ideas o directamente se destruyen. El lenguaje, así lo supo explicar Ezra Pound, es un arma poderosa, manifestación viva y portentosa de la mente humana. La forma de controlar la palabra es introducir el virus en las escuelas, en las universidades, en los diarios, libros y en todos los ámbitos de la vida. Y así lo hicieron los usureros, como con todo, alterando el valor, emponzoñándolo todo.

“Separar el grano de la cizaña”. Ese era el motivo por el cual Ezra Pound hablaba. Quería esclarecer el sucio mundo, arrojar luz allá donde otros querían sombras. Liberar del estreñimiento al mundo, a las gentes, para liberarlas y hacerlas partícipes de la revolución que se había gestado en algunos países europeos como Italia o Alemania. La injusticia es contraria a la paz, la injusticia no conmueve. Él fue un libertador, un genuino poeta al servicio de la Verdad, de la libertad de los pueblos y de sus gentes. Leer a Ezra Pound es revelador, la adhesión es inmediata, la fé se convierte en hecho probado y las palabras en banderas. Recitarle es rebelarse, comprenderle es afianzarse.

Su voz, “la voz de Europa”, es la voz de aquellos rebeldes que se niegan a sucumbir ante el infecto mundo actual.

[1] «Aquí la Voz de Europa. Alocuciones desde Radio Roma» Ezra Pound
Estudios iniciales de José Luis Ontiveros y Claudio Quarantotto
Colección «La Europa Rebelde» n. 6
1ª edición, Barcelona, 2006
Enlace directo

[2] Noel Stock, The Live of Ezra Pound, página 393

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ZAPATILLAS NEGRAS: BELLOTTI

agosto 10, 2007

ZAPATILLAS NEGRAS: BELLOTTI

En la mesa de más allá,
tras haberse quitado las zapatillas de ante,
con los pies enfundados en medias blancas
y cuidadosamente posados sobre una servilleta,
ella conversa:

                           «Connaissez-vous Ostende?».

La gorjeante dama italiana en la otra punta del restaurante
replica con cierta altivez,
pero yo espero pacientemente
a ver cómo Celestine vuelve a ponerse las zapatillas.
Se las pone con un gemido.

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N.Y.

agosto 10, 2007

N.Y.

¡Ciudad mía, mi amor, blanca mía! ¡ah, esbelta,
óyeme! Oyeme y un alma te infundirá mi soplo.
Suavemente en el caramillo, ¡escúchame!

Ciudad mía, mi amada,
eras una doncella todavía sin pechos,
esbelta como un caramillo de plata.
¡Ahora óyeme, escúchame¡
y un alma con mi soplo te daré.

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LA MUJER DEL MERCADER DEL RÍO: UNA CARTA

agosto 10, 2007

LA MUJER DEL MERCADER DEL RÍO: UNA CARTA

Cuando yo todavía llevaba el pelo cortado sobre la frente
jugaba en el portal delantero, recogiendo flores.
Tú viniste con zancos de madera jugando a los caballos,
caminaste junto a mi asiento, jugando con ciruelas azules
y seguimos viviendo en el pueblo de Chokan:
dos niños, sin aversión ni sospecha.

Con catorce años me casé con vos, mi señor.
Nunca me reía porque era tímida.
Bajaba la cabeza y miraba a la pared.
Aunque me llamaran mil veces, nunca volvía la cabeza.

Con quince años dejé de fruncir el ceño,
deseaba que mi polvo se mezclara con el tuyo
para siempre y para siempre y para siempre.
¿Para qué seguir vigilando?

Te fuiste cuando yo tenía dieciseis años,
te fuiste a la lejana Ku-to-yen, junto al río de los remolinos,
y has estado fuera cinco meses.
Los monos hacen un ruido muy triste por ahí arriba.
Cuando te fuiste arrastrabas los pies.
En el portal ahora ha crecido el musgo, musgos
distintos,
¡demasiado profundos para limpiarlos!
Los hojas caen pronto este otoño, por culpa del viento.
Las mariposas emparejadas ya amarillean en el agosto
sobre la hierba del jardín del oeste;
me duelen. Me hago vieja.
Si has de venir por los vados del río Kiang,
por favor, házmelo saber de antemano
y yo saldré a recibirte,
iré hasta Cho-fu-sa.
Por Rihaku

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